Posteado por: aironml | 27 agosto 2009

La verdadera crisis

A Manolo su sueldo de mileurista le daba para pagarse el alquiler, los gastos del piso y las fiestas de los findes con sus colegas en las discotecas de moda, sin pensar mucho más allá. Bueno en realidad si que pensaba en el más allá: en el verano, pues con el poco dinero que ahorraba, en su mes de vacaciones se pegaba fiestas diarias (descansando un día a la semana, pues hasta Dios lo hizo), ya que por la estación de las calores, las mujeres están más propensas a caer rendidas a sus encantos, máxime cuando las invitaba hasta a 5 copas, que para más no daba el presupuesto.

Pero recordó que este año empezó a verse muy perdido para seguir el hilo de los telediarios del medio día, que veía en su tele de plasma colocado estratégicamente encima de su mueble Ikea construído por él mismo (a saber lo que aguantaría), puesto que estaban hablando que si de apretarse el cinturón cuando él usaba vaqueros, que si crecimiento negativo y cosas así sin mucho sentido. Cuando se quiso enterar de que la solución a la adivinanza era la palabra “crisis”, el número 806 había desaparecido de la pantalla de TVE y el premio se lo había llevado otro. Pensó que en las teles locales los concursos eran más sencillos, suponía que para hacerse con algunas migajas de audiencia.

Y aunque comenzó a darse cuenta que le dejaban menos propinas en su curro, los bares a pesar de la crisis seguían estando llenos, aunque ciertamente se pedía más agua del grifo que embotellada y se estilaba menos decir en voz alta aquello de “esta ronda la pago yo”. ¿Crisis? Tampoco era para tanto, además su Barça había conseguido este año el triplete, nada le podía boicotear el 2009.

Pero justo cuando empezaba a asomar el verano y con él su mes de vacaciones se empezó a hablar de una tal gripe A con todo lujo de detalles, en una campaña de marketing que hacía que hasta los virus de la gripe común estuvieran reclamando a gritos una vacuna en la sede del Ministerio de Sanidad. Ciertamente no se preocupó, puesto que la única hipocondría que sufría era la futbolera antes de que llegara Messi al primer equipo, ya que desde entonces los éxitos deportivos y el resultado en la quiniela estaban asegurados.

Y para más tranquilidad llegó un vídeo a su email que le tranquilizaba y mostraba la verdad del asunto de la gripe porcina esa.

A pesar de ello la gente comenzó a preocuparse a medida que salían casos con cuentagotas de muertos de la nueva gripe, todos radiados y publicados hasta la saciedad como cuando los perros mordían agresivamente a la gente (por fin hemos conseguido domesticarlos hasta que pidan las cosas por favor en estos últimos años, otro hito más para la raza humana, a las no noticias al respecto me remito). Siempre salía el sabidillo que decía que la gripe común mataba a más gente y se nombraba menos, pero cada vez lo decía con más dudas y lo que es peor la gente desconfiaba más de él.

Esto no tenía por qué afectar a su verano de noches discotequeras de sexo con chavalas postdispuestas (por aquello que necesitaba entonarlas a base de alcohol para que comprendieran lo guapo que en realidad era), aunque minimizara un poco el negocio, al igual que había pasado con las propinas que le pagaban. Pero la cosa dejó de ser color de rosas cuando salió el titular de turno: “Los médicos recomiendan no besar ni dar la mano para prevenir la gripe A”, y se dio cuenta que ahora sí que estaba jodido (o más bien que no lo iba a estar). Si antes era difícil comerse algo, ahora estaría imposible.

Ya no se hablaba tanto de la crisis, pero él sabía que después de ese titular la verdadera crisis había comenzado. Y lo peor es que llevaba razón. Ni su mano derecha fue consuelo suficiente para evitar el síndrome postvacacional ante este enorme chasco. “Mejor que hubieran seguido hablando de la crisis económica esa” -pensó-. Pobre Manolo, para una cosa que le importaba…

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Posteado por: aironml | 19 agosto 2009

Impresionante Bolt

No puedo dejar de poner este vídeo una y otra vez. Este domingo estaba fuera de mi casa, pero no me podía perder la final de los 100 metros lisos masculinos en el Mundial de Atletismo de Berlín: Usain Bolt arrasaba con su propio récord del mundo de 9,69 segundos conseguido en los Juegos Olímpicos de Pekín del pasado año, haciendo un registro de 9,58 segundos, superando así a Tyson Gay (pese a lograr el récord de Estados Unidos con 9,71), a lo humano y a lo divino. Impresionante.

Por establecer ese inalcanzable récord mundial (excepto para él, porque estoy convencido que puede bajar de 9,50, aunque no los 9,40 que él afirma, si bien cualquiera sabe porque ha clavado su predicción), superando los límites de la velocidad humana en una de las pruebas reinas e históricas del atletismo, le premian con 100.000 dólares, lo que gana Víctor Valdés, de los peores porteros para mi gusto de primera división (estadísticas en mano), en 4 días aun estando de vacaciones. Saquen sus propias conclusiones, y sobre todo, disfruten del vídeo (aquí en la retransmisión en español).

Y atención a la final de 200 metros lisos, en la que también estará. Mañana a las 20:35h (menos de 24 horas para la cita), ya tienen algo que hacer 😉 .

Edito para poner el carrerón de hoy en el que ha vuelto a batir el récord de los 200 metros en 11 centésimas, dejándolo en 19,19 (estoy convencido de que puede bajar de 19 segundos con mejores condiciones, algo que sería ya apoteósico y que ojalá consiga algún día) y dejando en evidencia otra vez a Michael Johnson que como atleta fue un crack con sus récords mundiales, títulos y estilo único inconfundible, pero como adivino tiene menos cualidades que la bruja Lola. A estas horas debería de estar rezando para que a Bolt no le de por preparse los 400 metros lisos, porque aún siendo una prueba muy diferente, su récord mundial podría peligrar y mucho.

Y sin más os dejo el vídeo de los 200 metros que he disfrutado esta tarde, mientras espero otro más que posible récord en los 400 x 100 m. en los que también participa con el espectacular equipo de Jamaica.

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Posteado por: aironml | 8 agosto 2009

Operación porculera 2 (crónica y post-operatorio)

Tumbado en la camilla frente al reloj, veía como los segundos caían inexorablemente sobre mí. Ya no había vuelta atrás para ninguno de los heridos de guerra que estábamos en aquella sala. Los enfermos allí reunidos de culo descubierto, por aquel especie de delantal que te hacen ponerte para dejarte literalmente con el culo al aire, sabíamos que el chirrido de la habitación contigua no era otro que el de la rotaflex que sujetaba la mano de un carnicero con estudios: lo único que podíamos esperar es que al menos no tuviera Parkinson, pues la sed de sangre se olía desde lejos: su amenaza se cernía sobre aquel obligado público, que enmudecido llevaba la penitencia por dentro gracias al continuo tragar saliva.

Al escaso pero interminable tiempo me introdujeron en el quirófano la sala de torturas, y sólo me dio lugar a tumbarme decubito prono (boca abajo para los amigos, pero tenía que demostrar que he aprendido algo en la carrera, aunque fuera esto), a escuchar como una de las ayudantes comentaba algo de dejarme el culo afeitado como un mandril (¿entonces para que leche me peino haciéndome la raya en medio?) y a aspirar el gas adormecedor de una mascarilla que supuestamente iba a oler a huevo según la que me la puso, pero un huevo para ella que eso no olía a nada.

Lo que hicieron con mi cuerpo no lo sabía, quizás me habían puesto un chip para destruir a la Humanidad conmutable por tragarme enterito un programa de corazón de esos del sábado por la noche. Si es así, lo siento Humanidad, pero eres tú o yo, y para estos casos no suelo pedir terceras opiniones de tus socios. Y digo esto porque aparentemente no me habían hecho nada, y sólo tendría que esperar allí a que se me fuese el amamonamiento general del gas tsé tsé que introdujeron en mis pulmones, y consecuentemente en mi sangre (si estudié ciencias tendré que aprovecharlo). Luego supe que para un pequeño bultito me habían pasado la tuneladora más grande que tenían que sería la del metro, que estará ahora parada, haciéndome un agujero del que esperarían sacar petróleo a raudales con cuyos dividendos pagarse la demanda que les podría imponer yo como parte perjudicada con mi culo como escenario del crimen y testigo directo. Sin decirme nada más de qué hacer en el post-operatorio, me echaron de una patada de allí (al menos les agradezco que no fuera en el culo).

Fue salir y tenía tanta hambre que quise comerme un brazo gitano pero me dijo mi madre que: 1) mejor un mollete con jamón y no dulces y 2) que dejase de intentar morderle el brazo a aquel señor. Como las madres, sobre todo cuando invitan, tienen más razón que una santa, no osé discutirle y acudí puntual a la cita con el rojo manjar, y me sentí como si después de estar 15 horas sin comer, le hubiera incado el diente a un mollete con jamón, exactamente.

El día siguiente lo pasé decubito prono (ahora ya os lo sabéis) en mi cama jugando a la PSP, mientras alteraba las curvaturas fisiológicas de mi ya de por sí dañada columna sometiéndola a una hiperlordosis extrema (elevando el tronco para los amigos). Y fue entonces cuando noté que empecé a sangrar, y a sangrar,  y a más sangrar. Y ahí descubrí lo que es ser mujer, lo poco que gusta y sobre todo las pocas ganas de bailar que te dan cuando te sientes chof. Me puse una compresa gorda tipo pañales sin marca (que para marca, con la cantidad de sangre que estaba echando, la que le iba a hacer yo) y se bebió en un santiamén todo el cuerpo de cristo que emanaba (que gore la Biblia, por cierto), con ese color a tinto de verano. Y luego invité a sus amigas, compresas de profesión, a que se sumaran a la fiesta como si de un banquete de tiburones se tratase. En la primera cura me dijeron que no me podía meter en el agua de piscina ni de mar, hasta pasado bastante tiempo, puesto que la herida estaba abierta. La verdad es que no hacía falta que me prescribieran eso porque era evidente, puesto que con la sangre que estaba echando los tiburones iban a ir a mi barrio y hasta iban a llamar al porterillo preguntando por mí, a ver si me bajaba un ratito a jugar con ellos.

Por lo visto lo de echar tanta sangre no era normal, pero como nadie me avisó de lo que lo era o lo que no, pues no fui de inmediato al hospital y me guié por mi sentido común (que es poco, y menos cuando pierdo tanta sangre). Después de que  mi madre le enseñara la cantidad de compresas manchadas a los médicos (aunque estaban rojas al completo), muchos pensarían “tanto estudiar, para esto”. Pero al cabo de los día fue remitiendo y las palabras halagüeñas de los enfermeros en las curas, me daban cierta tranquilidad. Y digo enfermeros porque en los primeros días tuve a un enfermero por cura (de curar, no de los que exorcizan), y cada uno hacía lo que le daba la gana, con productos diferentes, y de forma diferente. Al final la culpa resultaba que era mía por operarme en verano. Al respecto decir, que también me lo comentó otra persona más, y digo yo que no cayó en la cuenta de que si lo hubiera hecho así tendría suspenso todo el curso por no poder hacer las prácticas. Pero en algo sí que les doy la razón, esto hay que dejarlo para cuando uno esté trabajando y pillarse una baja, porque al menos te da una pequeña alegría.

Y hasta hoy he pasado por sentarme en un flotador de Winnie de Pooh y Tiger (descubriendo así el nombre del amigo de Winnie el mierda: lo sé, no tuve una infancia común) que por cierto pinché, a una almohada, y a nada (sólo las gasas). Espero que cierre pronto la herida y me pueda dar siquiera un bañito en condiciones, que hasta en la ducha cuando me metía tenía que hacer malabares hasta hace poco, para no mojarme la zona (ahora ya si puedo y así me ahorro los tirones al quitarme el esparadrapo, que por cierto se agarra con más fuerza que un bebé cuando trinca cojones ajenos, una mierda para el Super Glue).

Todo pintaba tan idílicamente bien, tan perfecto y estaba tan de buen humor, que mi madre se atrevió a contarme una conversación con la madre de un compañero de colegio de la infancia cuyo padre había tenido algo similar y se le había reproducido 5 veces, las mismas que le habían operado. Gracias mamá, por avisarme de los peligros que se pueden cernir sobre mí tras un mes de no moverme para no tener futuros problemas y sobre todo gracias por poner mosquiteras, porque el desconocimiento de su mecanismo de izado repelieron mis ganas de tirarme por la ventana, y el balcón… me pillaba demasiado lejos.

by AIRON

Posteado por: aironml | 7 agosto 2009

Operación porculera (la previa)

Mañana hará un mes desde que me operaron de una pequeña prominencia que surgía de forma intermitente en la zona proximal de la nalga izquierda, lo que se conoce popularmente como un grano en el culo. Mañana es el día en el que se cumple el primer mesesario del día que me relegaron a pasar el verano como un viejo amargado de esos que le tienen tanto pavor al agua como una toalla portuguesa. Las piscinas no las he catado ni de lejos, y el mar sólo lo he visto gracias a antena 3, que por cierto sabe perfectamente como camuflar en horario normal, una galería extensa de tías en tetas en la playa en forma de reportaje de investigación veraniega (típica hipocresía social-televisiva).

Volviendo al tema, yo pensaba antes de meterme en obras que esto sería un visto y no visto, un coser y cantar, un pis pas, y al final se ha alargado más que las obras de la catedral el metro (y por lo visto me puedo dar con un canto en los dientes porque parece que voy a acabar pronto).

Al principio creía que se haría utilizando anestesia local con frío, a lo machote, con dos huevos, pasando un hielo como si me fueran a hacer un piercing…, pero no, resultó que primero me tenía que hacer una analítica, y aquí es cuando mi sistema corporal dijo: si en verdad no me molesta tanto, si no es nada este grano que me hace estar más cómodo de pie que sentado; la leche, que le gusta a estos médicos vampiros la sangre.

Y es que yo y la sangre nos llevamos bien, pero eso sí, o en las venas, o en cuerpos ajenos o en el propio por accidente. Me explico, tú te puedes rebanar el brazo con la máquina de cortar jamón que yo me quedo tan entero [modo humor negro OFF], o puedo caerme al suelo desde una moto a 200 km/h y no me pasa nada (bueno sí, que se me ralla el casco como a los de Bilbao) aunque me salga sangre a borbotones; pero es comprobar como esa aguja chupasangre, tras clavarse como un aguijón (de una punzada si hay suerte y no pinchan en hueso, si no vuelven a clavar hasta que lo consigan, con un número de intentos máximos igual al de poros tiene la piel), me va estrallendo mi rojizo líquido elemento que me empiezan a entrar los siete infinitos males, y mi mente empieza a elucubrar que esa aparentemente simpática enfermera es en realidad Célula de Dragon Ball y cuando termine su trabajo me robará toda la energía, de forma que mi cuerpo encanije hasta la desaparición y en el suelo quede únicamente mi ropa. Por eso para cuando me hago las analíticas llevo chándals de los gitanos, que se jodan.

Yo siempre les suelo proponer que me peguen un porrazo y saquen toda la sangre que quieran, pero no suelen acceder, se ve que la gente les demandaría o algo así: yonquis quejicas. Luego de la extracción de sangre me mareé, para no perder la costumbre, y eso que la chavala que se encargó de realizármela lo hizo con todo el amor que puede haber en clavarle un objeto punzante en la vena de alguien con premeditación y alevosía. Eso sí, esta vez innové, pasó un buen rato y luego acabé como siempre en estos casos: en el suelo. Al menos me sirvió para algo, porque me atendieron antes (colándome unos cuantos puestos) en la sala donde realizaban la prueba del electrocardiograma.

Después de superar airoso el trámite de la analítica sin tener que pedir contraanálisis por EPO o CERA y diciendo que todo está perfecto, me dieron cita para la operación, día que me venía fatal por estar de exámenes y al no quererse desplazar los cirujanos al aula donde los realizaría, tiquismiquis ellos, me hicieron saber que quizás me tendrían que asignar la fecha en Septiembre porque el cirujano se iba de vacaciones (hasta a esos carniceros Dios les deja disfrutar de su descanso…) y como pasaría tanto tiempo hasta entonces y me podía haber hartado de comerme huevos con salmonela de un chiringuito (antes de que los quiten), algún flan de extraño sabor (jijiji), tortillas de patatas llenas de arena y haberme picado 300 medusas venenosas (que pedazo de verano hubiera sido ese, y no este enclaustrado, 😦 snif ), me tendrían que repetir la analítica. Dos cojones, prefiero que me operen tres veces si me ahorro una analítica.

Pero todo el susto pasó al poco, porque una amable señora me llamó por teléfono y me dio una nueva cita para el día 8 de julio sobre las 10 de la mañana si no recuerdo mal. Lo que no se me olvida es que no podía comer desde el día anterior y no podía beber agua desde las 6 de la mañana de ese mismo día. Llegó la fecha de la operación y antes de llegar me encontré un billete de 20 €, ya sabía yo que lo que me habían hecho tendría hasta su recompensa divina. Al cabo del rato las tripas empezaron a pedirme a crujido limpio combustible, algo que no podía satisfacer por requerimiento médico. Y yo esperé pacientemente mi hora, y luego otra hora, y otra más mientras mi barriga seguía cruje que te cruje a ritmo hiphopero. Y para hacer más ameno el amargo trance (aunque ni algo amargo podía tener en la boca), mi padre comenzó a decir lo rico que estaban los montaditos de no se donde, mi madre entabló conversación con una señora que ni conocía para contarle todo mi historial y comentaron lo que dolía el post-operatorio de lo mío, vamos lo que se dice unos acompañantes modelos. Pero tenía tantas ganas de comer que yo seguía en lo mío, y pensé que quizás la estrategia del hospital era matar de hambre y sed a mi grano porculero, y en ese momento me llamaron a consulta. Me picaron de nuevo la vena para meterme el suero y parecía que a la primera no iba a funcionar. Y yo diciéndole a la chavala que sí, que estaba funcionando con tal de que no meneara más las agujas como si estuviera haciendo ganchillo,  pero bueno, no hizo falta picar de nuevo, porque haciendo un apaño empezó a gotear aquello. Ya quedaban minutos para la operación…

(Continuará)

by AIRON

Posteado por: aironml | 1 agosto 2009

Re-Intro

Después de tanto, vuelvo desde otra ventana a tirar piedras al mundo. Ha pasado el tiempo, pero como prometí he encontrado el momento y el lugar para recomenzar la nueva aventura. El saludo que hago ahora es breve porque nunca me fuí, puesto que no se va aquel que tiene ganas de continuar, pese a que no logre poner fecha a ese propósito.

Y lo hago desde la postura cómoda y no la manual casi de redacción a bolígrafo, que tenía el anterior blog.  Me dejo mucho en aquella dirección web de la que me desahucian por una crisis más psíquica que física de una sociedad enferma de avaricia. Sólo me queda decir gracias por el tiempo que gratuitamente me avalaron y también por darme el empujón que me faltaba para continuar esta nueva aventura.

Todavía me quedan cosas que contar, todavía disfruto escribiendo y leyendo algún comentario en cada entrada, y todavía me quedan ganas para espero, mucho tiempo. Y tengo ideas, nuevas ideas y algunas que rescato del tintero, para hacer de este blog algo mejor, como siempre con un poco de todo, sin faltar el humor, la crítica, y la ironía asociadas.

Espero conseguirlo, y vosotros que lo veáis.

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