A Manolo su sueldo de mileurista le daba para pagarse el alquiler, los gastos del piso y las fiestas de los findes con sus colegas en las discotecas de moda, sin pensar mucho más allá. Bueno en realidad si que pensaba en el más allá: en el verano, pues con el poco dinero que ahorraba, en su mes de vacaciones se pegaba fiestas diarias (descansando un día a la semana, pues hasta Dios lo hizo), ya que por la estación de las calores, las mujeres están más propensas a caer rendidas a sus encantos, máxime cuando las invitaba hasta a 5 copas, que para más no daba el presupuesto.
Pero recordó que este año empezó a verse muy perdido para seguir el hilo de los telediarios del medio día, que veía en su tele de plasma colocado estratégicamente encima de su mueble Ikea construído por él mismo (a saber lo que aguantaría), puesto que estaban hablando que si de apretarse el cinturón cuando él usaba vaqueros, que si crecimiento negativo y cosas así sin mucho sentido. Cuando se quiso enterar de que la solución a la adivinanza era la palabra “crisis”, el número 806 había desaparecido de la pantalla de TVE y el premio se lo había llevado otro. Pensó que en las teles locales los concursos eran más sencillos, suponía que para hacerse con algunas migajas de audiencia.
Y aunque comenzó a darse cuenta que le dejaban menos propinas en su curro, los bares a pesar de la crisis seguían estando llenos, aunque ciertamente se pedía más agua del grifo que embotellada y se estilaba menos decir en voz alta aquello de “esta ronda la pago yo”. ¿Crisis? Tampoco era para tanto, además su Barça había conseguido este año el triplete, nada le podía boicotear el 2009.
Pero justo cuando empezaba a asomar el verano y con él su mes de vacaciones se empezó a hablar de una tal gripe A con todo lujo de detalles, en una campaña de marketing que hacía que hasta los virus de la gripe común estuvieran reclamando a gritos una vacuna en la sede del Ministerio de Sanidad. Ciertamente no se preocupó, puesto que la única hipocondría que sufría era la futbolera antes de que llegara Messi al primer equipo, ya que desde entonces los éxitos deportivos y el resultado en la quiniela estaban asegurados.
Y para más tranquilidad llegó un vídeo a su email que le tranquilizaba y mostraba la verdad del asunto de la gripe porcina esa.
A pesar de ello la gente comenzó a preocuparse a medida que salían casos con cuentagotas de muertos de la nueva gripe, todos radiados y publicados hasta la saciedad como cuando los perros mordían agresivamente a la gente (por fin hemos conseguido domesticarlos hasta que pidan las cosas por favor en estos últimos años, otro hito más para la raza humana, a las no noticias al respecto me remito). Siempre salía el sabidillo que decía que la gripe común mataba a más gente y se nombraba menos, pero cada vez lo decía con más dudas y lo que es peor la gente desconfiaba más de él.
Esto no tenía por qué afectar a su verano de noches discotequeras de sexo con chavalas postdispuestas (por aquello que necesitaba entonarlas a base de alcohol para que comprendieran lo guapo que en realidad era), aunque minimizara un poco el negocio, al igual que había pasado con las propinas que le pagaban. Pero la cosa dejó de ser color de rosas cuando salió el titular de turno: “Los médicos recomiendan no besar ni dar la mano para prevenir la gripe A”, y se dio cuenta que ahora sí que estaba jodido (o más bien que no lo iba a estar). Si antes era difícil comerse algo, ahora estaría imposible.
Ya no se hablaba tanto de la crisis, pero él sabía que después de ese titular la verdadera crisis había comenzado. Y lo peor es que llevaba razón. Ni su mano derecha fue consuelo suficiente para evitar el síndrome postvacacional ante este enorme chasco. “Mejor que hubieran seguido hablando de la crisis económica esa” -pensó-. Pobre Manolo, para una cosa que le importaba…
by AIRON
Lo que hicieron con mi cuerpo no lo sabía, quizás me habían puesto un chip para destruir a la Humanidad conmutable por tragarme enterito un programa de corazón de esos del sábado por la noche. Si es así, lo siento Humanidad, pero eres tú o yo, y para estos casos no suelo pedir terceras opiniones de tus socios. Y digo esto porque aparentemente no me habían hecho nada, y sólo tendría que esperar allí a que se me fuese el amamonamiento general del gas tsé tsé que introdujeron en mis pulmones, y consecuentemente en mi sangre (si estudié ciencias tendré que aprovecharlo). Luego supe que para un pequeño bultito me habían pasado la tuneladora más grande que tenían que sería la del metro, que estará ahora parada, haciéndome un agujero del que esperarían sacar petróleo a raudales con cuyos dividendos pagarse la demanda que les podría imponer yo como parte perjudicada con mi culo como escenario del crimen y testigo directo. Sin decirme nada más de qué hacer en el post-operatorio, me echaron de una patada de allí (al menos les agradezco que no fuera en el culo).
Y es que yo y la sangre nos llevamos bien, pero eso sí, o en las venas, o en cuerpos ajenos o en el propio por accidente. Me explico, tú te puedes rebanar el brazo con la máquina de cortar jamón que yo me quedo tan entero [modo humor negro OFF], o puedo caerme al suelo desde una moto a 200 km/h y no me pasa nada (bueno sí, que se me ralla el casco como a los de Bilbao) aunque me salga sangre a borbotones; pero es comprobar como esa aguja chupasangre, tras clavarse como un aguijón (de una punzada si hay suerte y no pinchan en hueso, si no vuelven a clavar hasta que lo consigan, con un número de intentos máximos igual al de poros tiene la piel), me va estrallendo mi rojizo líquido elemento que me empiezan a entrar los